El heavy metal era, sobre todo, música y comenzaba a ser una identidad pero Iron Maiden hiso algo distinto. Lo convirtió en un universo. 1982. Iron Maiden publica The Number of the Beast. Su tercer disco.
El primero con Bruce Dickinson en la voz. Steve Harris. Dave Murray. Adrian Smith. Clive Burr. Y Martin Birch detrás de la consola. Bruce Dickinson no reemplazó solamente a Paul Di'Anno. Cambió el alcance de la banda.
Con esa voz... Iron Maiden dejó de ser una banda de culto. Y se convirtió en un fenómeno mundial. Para mí... este es el disco donde el heavy metal deja de contar canciones... y empieza a construir mundos.
Escuchalo. Hay una invasión. Hay una batalla entre colonos y pueblos originarios. Hay un condenado esperando su ejecución. Hay una pesadilla. Hay una profecía. Cada canción... es un universo distinto.
Y por eso un disco de Iron Maiden nunca termina cuando baja la púa del vinilo. Sigue en la tapa. Sigue en las letras. Sigue en Eddie. Y sigue en todo el universo que Steve Harris construyó alrededor de la banda.
Y musicalmente también cambia todo. Las guitarras ya no solamente armonizan. Conversan. Se persiguen. Se responden. Y abajo... Steve Harris. Tocando el bajo como si fuera otro guitarrista. No acompañando.
Empujando toda la banda. Y después está Bruce Dickinson. No llegó solamente con otra voz. Llegó con otra forma de interpretar las canciones. No las cantaba. Las actuaba. Lo más loco. La canción The Number of the Beast nació después de una pesadilla de Steve Harris.
Querían que la introducción la grabara Vincent Price. Aceptó. Pero pidió veinticinco mil libras. Demasiado para el presupuesto de la banda. La terminó grabando el actor Barry Clayton. Y mientras el disco llegaba al número uno en Inglaterra...
En Estados Unidos lo quemaban en plazas. Pensando que promovía el satanismo. Sin saberlo... Le estaban haciendo la mejor publicidad posible. Y fijate cómo fue creciendo el heavy metal en este ciclo. Judas Priest le dio un lenguaje.
Saxon le dio una identidad. Diamond Head escribió el futuro. Iron Maiden le dio un universo. Y desde ese momento... el heavy metal dejó de ser solamente un género musical. También pasó a ser una forma de imaginar.
Y va la pregunta. ¿Hallowed Be Thy Name... es la mejor canción de toda la historia del heavy metal? Y una más. ¿Cuál es el disco definitivo de Iron Maiden? ¿The Number of the Beast... o Powerslave? Tirá en los comentarios.