Ya estuvimos acá una vez. Pyromania. Diez millones de discos. Número dos en Estados Unidos. ¿Y quién estaba en el número uno? Thriller. Entonces el productor, Mutt Lange, hace una propuesta. Hagamos el Thriller del hard rock.
Un disco donde cada tema pueda ser un single. Y ahí empieza el infierno. Primero Lange se baja por agotamiento. Entra Jim Steinman, el de Meat Loaf. Dura ocho semanas. Y la banda tiene que pagarle una fortuna para sacárselo de encima.
Y después... 31 de diciembre de 1984. Rick Allen, el baterista, choca en una ruta cerca de Sheffield. Pierde el brazo izquierdo. Y acá es donde esta historia se separa de todas las demás. Porque la banda no busca reemplazo.
Le hacen construir una batería. Electrónica. Con cuatro pedales para el pie izquierdo. Los golpes que antes hacía con la mano... ahora los hace con el pie. Vuelve en Donington, en agosto del 86. Y el título del disco lo propuso él.
Tres años. Cuatro millones y medio de dólares. Y una canción que casi no entra. La escribieron en una pausa de café. Fue el último tema del disco. El número doce de doce. Pour Some Sugar on Me. Y cuando sale...
no pasa nada. Tardó cuarenta y nueve semanas en llegar al número uno. Casi un año. Doce veces platino. Siete singles. Este es el disco donde la fórmula del hard rock ochentoso... deja de ser una fórmula...
y se convierte en una obsesión. ¿Hysteria es una obra maestra de producción... o un disco perfecto y frío? ¿Pour Some Sugar on Me... o Animal? Tirá en los comentarios.